Ver: 2008 2009 2010      Artículos de Actualidad                 

 
 
ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EN EL MUNDO MUSULMÁN

ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EN EL MUNDO MUSULMAN

 
A fines del 2011 tuve la oportunidad de expresar mi opinión sobre la situación en Medio Oriente, luego de los sucesos de violencia que precipitaron la caída de Zine El Abidine Ben Alí en Tunez, de Hosni Mubarak en Egipto, y de Moammar Khadafy en Libia, así como el inicio de una rebelión contra Bashar Al Assad en Siria.[1]

 Teniendo en cuenta que ya se conocían análisis del proceso desde el punto de vista de la situación socio-económica, de la importancia de las redes sociales, como medio de convocatoria capaz de contrarrestar el aparato oficial de medios audiovisuales, y de la influencia de esos sucesos en la Seguridad Regional, encaré la aproximación al problema desde el punto de vista religioso.

                        Dijimos en esa oportunidad que, aunque los líderes religiosos no encabezaban las protestas, la religión estaba presente ya que para los fieles musulmanes la conducta pública y la conducta privada están indisolublemente unidas.[2]

                        Lo que se analizaba en ese momento era cuales habían sido las causas que dieron origen a la llamada “Primavera Árabe” y que rumbos podían seguir la evolución política de aquellos países en los cuales se había forzado la caída de los líderes políticos perpetuados en el poder.

              Hoy la situación, también caracterizada por episodios de violencia extrema, obedece a otra causa pero con un nexo con la situación anterior: el ingrediente religioso.

La difusión de un video que ridiculiza al Profeta Mahoma, fue considerada una ofensa grave al Islam y produjo una convulsión en el Mundo Musulmán, tal como ocurriera con la publicación de los Versos Satánicos de Salman Rushdie en 1988, y la presentación de caricaturas del Profeta en un diario de Dinamarca y en otros de Europa en 2006.

Producido por un empresario estadounidense de origen israelí y promovido por un polémico “pastor”, el video titulado “La inocencia de los musulmanes”, se inicia con escenas en las que la policía egipcia permite a grupos musulmanes quemar casas de cristianos, parodia la vida del Profeta, muestra su apariencia física -serio agravio para los devotos del Islam-, se lo ve manteniendo relaciones sexuales, aprobando el abuso infantil y el fraude, y en general poniendo en tela de juicio que Mahoma fuera el portador de la palabra de Allah.

            La violencia tuvo su máxima expresión en Libia donde en el asalto al Consulado de EEUU en Benghazi perdió la vida su Embajador, produciéndose también reacciones en El Cairo, Beirut, Kabul, Yakarta, así como en otros países del ámbito Musulmán.

            Es interesante analizar la posición del Líder espiritual de Hezbollah en Líbano, el Ayatollah Hassan Nasrallah que, aunque no ha aceptado la tutela espiritual de régimen teocrático de Irán es un vocero religioso muy autorizado, responsabilizó a EEUU por haber permitido que se difundieran partes de la película por Internet y que se haya proyectado, aunque en forma limitada, en lugares públicos.

            Al mismo tiempo advirtió que si esa situación continúa “enfrentará repercusiones muy peligrosas en todo el mundo”.

Pretender minimizar el problema considerándolo una reacción exagerada, propia del fanatismo musulmán, o justificar su difusión en nombre la libertad de expresión, conquista irrenunciable del Occidente democrático, es un grave error que se paga muy caro en vidas y bienes; y es un repetido error porque al plantear el desbalance ético se menosprecian las diferencias culturales entre ambas culturas.

            Ello además, es injusto, porque en Europa, por ejemplo, viven alrededor de 20 millones de musulmanes de diferente orígenes que conviven pacíficamente con cristianos, judíos, diversos grupos religiosos y agnósticos, a los que por diversas razones se ha tolerado una adaptación relativa y a los que se les ha respetado ciertos usos y costumbres. No obstante no deben dejar de tenerse en cuenta ciertos brotes de extrema violencia tales como los ocurridos en Londres, Paris y otras ciudades de Francia, aunque probablemente el factor desencadenante de esos episodios  hayan sido causas socio-económicas, más que religiosas.

El problema de la violencia de origen religioso es tan complejo que debería ser continuamente tenido en cuenta desde el punto de vista del ecumenismo religioso y de la globalización político-económica, cualquier sea su origen.

El análisis de la violencia de origen religioso no sólo puede hacerse tomando los datos de la realidad y del pensamiento musulmán, sino también desde el punto de vista del cristianismo y el judaísmo.

Una buena manera de iniciar el análisis del problema es posicionarse como verdaderos investigadores, haciendo el esfuerzo de no tomar parte. Al respecto el Rabino Sergio Bergman refiriéndose al tema nos decía que:

para entender el tema del terrorismo religioso , con el fin de dar algo de luz a este fenómeno de la violencia hay que encararlo con una actitud abierta, libre de todo prejuicio y con el ánimo dispuesto a ver lo que la realidad nos muestra, tratando de adecuar nuestros parámetros de observación y conocimiento a esa realidad y no al revés, es decir, tratando de adecuar la realidad a preconceptos que traigamos nosotros”.[3]

Es importante tener en cuenta que ninguna de las grandes Religiones -budismo, judaísmo, cristianismo e islamismo-, tomadas todas en sus corrientes más importantes, sostienen en sus postulados la violencia y la destrucción, ni la justifican ni la fomentan, aunque hayan pasado a lo largo de la Historia por períodos de intolerancia.

Esos períodos de intolerancia nos llevan a expresar que los fundamentalismos no tienen su origen, ni su basamento, en los principios de la religión o en sus dogmas fundamentales sino que provienen de las ideologías y de las posturas políticas, que hacen uso de las religiones para justificar y darle sustento moral a sus fines extremistas.[4] [5]

El Sacerdote Jesuita Ignacio Perez del Viso abordó el tema desde el punto de vista de la relación Terrorismo y Fe Cristiana expresando que “la Religión, vive del amor, y el terrorismo, que muere en el odio, se encuentran aparentemente en las antípodas. Sin embargo se dan complejos vínculos entre ellos lo que explica el fenómeno del terrorismo religioso”[6].

Remontándose a la filosofía de la religión, Perez del Viso cita a Rudolf Otto que en su obra “Lo Santo” (“Das Heilinge; 1917) se refiere a lo religioso como un misterio tremendo y fascinante, estableciendo que lo tremendo obedece a la distancia infinita entre lo humano y lo divino.

Esa dimensión de lo tremendo ocasiona un sentimiento de terror ante el misterio del “mas allá”, que se nos presenta con diversos rostros como los del infierno, la muerte, el purgatorio y la reprobación.

De lo expresado se concluye que cuando un terrorista da muerte a un malvado que es enemigo de la religión y agente del demonio está poniendo orden en las cosas.

Para llegar a esta conclusión, Perez del Viso se remonta a conceptos que conmovieron a la Fe Cristiana como fue el del Purgatorio y el de la Predestinación, ya que si la Iglesia sostenía que los Mártires iban directamente al Cielo, sin pasar por el Purgatorio, podría inferirse que una persona que muere mártir de su causa y su religión entrará directamente al Paraíso.

Otro rostro del “más allá” que estremecía a los creyentes fue el de la Predestinación, ya que si Dios ya sabe si una persona se va a salvar o a condenar ¿de qué sirve comportarse honestamente si es un réprobo destinado a la condenación eterna?

Lutero, en 1517, y posteriormente Calvino, ensayaron respuestas a este interrogante trágico poniendo el primero énfasis en la Misericordia de Dios más que en nuestros rezos y sacrificios, y el segundo en la práctica de las buenas obras como un signo que se pertenece al número de los predestinados y no de los réprobos.

Siguiendo esta última interpretación si los terroristas se sintieran ya pertenecientes a los elegidos por Dios y provocaran la muerte de otros seres humanos no serían juzgados porque estarían “más allá del Bien y del Mal”

Si se pretendiera juzgar a la violencia desde el punto de vista ético basándose en los valores y enfoques del Occidente moderno ello sería ineficaz, ya que no se podría asignar “culpabilidad” ética a quien actuó con un enfoque marcadamente religioso.

Otro aspecto totalmente ineficaz para entender y prevenir los actos de violencia de origen religioso es inferir que la intervención de Occidente para “restaurar la libertad”, “democratizar” los regímenes políticos, o “modernizar” ciertos Estados musulmanes deben tener como contraprestación mínima el agradecimiento, cuando en verdad no deja de ser una injerencia, y una manera torpe de desalentar y prevenir el terrorismo, cuando no una forma de ocultar otros objetivos ligados a intereses de orden económico-político.

Fernando Landro, al tratar el tema Islam y Democracia, dice que “existe de forma muy difundida la creencia que las Sociedades Islámicas se encuentran en el mismo camino hacia la democracia que las sociedades occidentales tomaron hace trescientos años, sólo que aquellas estarían recién en el inicio del recorrido”.[7]

Landro amplía con precisión algo que ya habíamos mencionado, al puntualizar que la democracia más que un mero sistema político de acceso al poder mediante el voto de los ciudadanos, es antes “una concepción de la sociedad y del hombre que sólo pudo haber surgido dentro del contexto de los procesos históricos occidentales, consecuencia de la Reforma, dentro del marco del Renacimiento” [8]

Al respecto es pertinente recordar el camino que Occidente recorrió a lo largo de la historia para llegar a la situación actual, sin que ello signifique consagrar que hemos llegado a una situación idílica.

La Época Medieval se caracterizó por la influencia total de la Iglesia en todas las sociedades occidentales, y dicha influencia se transmitía en forma nítida e inequívoca a la política. Era un mundo cuyos valores espirituales estaban por encima de los temporales, con todas las excepciones, errores y mezquindades que se quieran señalar.

A mediados del siglo XVI la Reforma rompió con la unidad del cristianismo, sentando las bases del pensamiento moderno occidental, en el que el llamado “humanismo” inicia el proceso de desplazamiento de Dios como centro del universo y su reemplazo por el hombre hasta desembocar en el “materialismo”. Este proceso llegó a percibir a la religión como contraria a sus intereses e incluso como su enemiga, poniéndose de manifiesto una postura inédita en la Cristiandad como es el “ateísmo”.

La Revolución Francesa tomó todos esos ingredientes madurados durante más de doscientos años, y consagró una interpretación universal de un modelo de gobierno y de conducta política despojada de los antecedentes y fundamentos religiosos, históricos, políticos y sociales sobre los que Occidente se había fundado, dando origen a una llamada “democracia liberal” que sentó las bases del pensamiento político occidental moderno.

En toda la historia del Islam, ninguna de las sociedades que abrazaron dicha creencia religiosa pasó por los procesos occidentales someramente descriptos.

Desde el punto de vista de la organización religiosa, el Islam es una creencia principalmente de orden personal, entre el creyente y Dios, sin sacerdotes, ni Papa, ni Patriarcas, ni Vaticano, Patriarcados, ni Iglesia, sólo la “Umma”, que es nada más ni nada menos que la “Comunidad de los Creyentes”.

En lo político, desde Mahoma -Profeta y hombre de Estado- y pese a la decadencia de los Califas sus sucesores, líderes, caudillos y jefes militares-, que condujeron el largo proceso de fragmentación de la “Umma”, siempre intentaron con mayor o menor éxito asumir funciones religiosas y cuando no lo consiguieron por lo menos se asociaron con los líderes religiosos.

Por último cabe decir que en las sociedades islámicas, tanto las históricas como las contemporáneas, la separación de la Religión del Estado es imposible e inconcebible, con una excepción que confirma la regla como es aún la República de Turquía desde 1924, donde las FFAA -Guardianes de la Revolución- han esterilizado todo intento de volver a la ecuación histórica.

Landro finaliza su análisis afirmando que “las sociedades islámicas van por otro camino, ni más atrasados ni más adelantados que Occidente y ese otro camino no lleva a la democracia occidental simplemente porque no cuentan con la tradición ni la voluntad de arribar a dicho modelo.[9]

Nos resulta interesante para completar las fuentes tenidas en cuenta, y tener otra visión de la situación, considerar la opinión del Dr Ricardo H. Elia[10], sobre las causas por las cuales el Islam es un campo fértil para la violencia. Este expresa:”La causa de la decadencia de la civilización islámica no se debió a la pérdida de la soberanía política sino más bien a cuestiones políticas. Desde fines del siglo XI y principios del XII, ciertos teólogos y juristas aprovechando las lógicas contradicciones sociales y desestabilizaciones institucionales provocadas por Cruzados y mongoles cerraron las puertas a la investigación y desarrollo y desalentaron los esfuerzos para transformar y adaptar la jurisprudencia islámica al devenir de los tiempos.[11]

De los dichos del investigador de origen islámico consultado se desprende que la evolución cultural y científica del Islam fue frenada por conceptos religiosos inmovilistas desde el punto de vista socio-político, condenando a las sociedades islámicas al oscurantismo medieval de Occidente.

En suma, el somero análisis realizado nos permiten concluir que:

·         Es inherente al Islam la creencia que las ofensas relacionadas con la Religión son de carácter grave.

·         La reacción violenta contra todo aquello que se relacione con el origen o ámbito de propagación de lo que se considera ofensivo es inevitable, y no puede ser juzgado con parámetros válidos en Occidente.

·         La violencia de origen religioso no es privativa del Islam, ya que existen numerosos antecedentes de origen judío y cristiano.

·         Desde Occidente no se puede tener una visión simplista del problema de la violencia de origen religioso, ni pensar que los devotos del Islam son malos o perversos por naturaleza.

·         Los hombres que se conducen de formas violentas son el producto de un modelo que perdura durante siglos, convirtiendo al problema que nos ocupa en un problema multifacético, con aspectos éticos, morales, religiosos, políticos e ideológicos, que actúan dinámicamente en tiempo y espacio.

·         Los Estados musulmanes -tal vez con la excepción de Turquía- no están atrasados en su camino a la democracia al estilo occidental, sino que simplemente no la buscan.

·         Las intervenciones de Occidente -EEUU, GRAN BRETAÑA, FRANCIA, NATO- para “liberar” a los oprimidos son un recurso torpe para prevenir la violencia, no generan agradecimiento ni comprensión.



[1] Manual de Informaciones (Octubre-Diciembre) Volumen LIII pág 2

[2] Sagrado Coran “el Buen Gobierno terreno debe estar en concordancia con los principios y máximas que Dios revela a los hombres”.

[3] Carlos A. Ozarán “El Mayor Desafío a la Seguridad Mundial”; pág 246 Buenos Aires 2006

[4] Ibid pág247

[5] Carlos A. Ozarán “Influencia de las Religiones en los conflictos del Cercano y Medio Oriente”, pág 9 y 76; Círculo Militar. Biblioteca del Oficial . 1988

[6] Carlos A. Ozarán “El Mayor Desafío a la Seguridad Mundial”; pág 232, Buenos Aires 2006

[7] Ibid pág 249

[8] Ibid pág 249

[9] Ibid pág 255

[10] Director General del Departamento de Estudios Históricos del Centro Islámico de la República Argentina

[11] Ibid pág 240

0 Comments
Posted on 03 Oct 2012 by nacho
   

Editorial Grl. Alberto Capdevila. Atención al público: Círculo Militar Av. Santa Fe 750

Lun. a Vie. de 11.00 a 18.00 hs. - Tel: 4311-1071/79 - Int.241/238/240 - Fax: 239 - libreria@1884editorial.com.ar