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El conflicto con Gran Bretaña en el Atlantico Sur

 

 

 

 

El conflicto con Gran Bretaña en el Atlantico Sur[1]
Horacio Calderón


El analista internacional Horacio Calderón analiza el conflicto entre la Argentina y el Reino Unidos por las Islas Malvinas y remarca su preocupación por el sector antártico argentino ante el avance ingles.

 

El discurso de la Presidente de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, refleja un conflicto que, al pasar los días, se pone cada vez más tenso debido a que las provocaciones británicas no tienen, hasta el momento, solución de continuidad. Luego de leer y analizar sus palabras, no deberían quedar dudas de que el Gobierno Nacional tomó sin duda conciencia de cuáles pueden ser los objetivos reales de Gran Bretaña.

Desde el punto de vista político y diplomático, estoy de acuerdo con lo expresado por la Presidente de la Nación, Cristina Kirchner.

Por otra parte, también me han llamado particularmente la atención las aseveraciones del Ministro de Defensa, doctor Arturo Puricelli, dadas poco tiempo después del mensaje presidencial, quien afirmó que “estamos preparados para defendernos de un ataque británico al territorio continental de la Argentina”. Ciertamente dicha amenaza existe y, en este sentido, se deben tener muy en cuenta las palabras del doctor Puricelli. No obstante, dudo de nuestra capacidad bélica, tanto defensiva como ofensiva, debido a la merma experimentada a partir de la derrota de 1982 frente a Gran Bretaña. He sostenido esta última hipótesis durante mucho tiempo, explicando sintéticamente que las razones para una posible invasión a nuestro territorio continental y/o a Tierra del Fuego son de orden geopolítico global. Este nuevo “orden” surge al agotarse un ciclo histórico en que las grandes potencias ven el decrecimiento constante, lento pero inexorable, de los recursos naturales del planeta y avanzan en consecuencia hacia un rediseño de la geopolítica global.

Nuestro país no es una amenaza, porque una amenaza, en este caso, debería tener dos componentes fundamentales: primero, la intención política y luego la capacidad militar para desembarcar y mantener posiciones en las Islas Malvinas sin ser desalojados por la fuerza como aconteció en 1982. Ninguno de estos dos componentes está presente, ya que nuestros reclamos son exclusivamente pacíficos y no existe, en consecuencia, acción real a contrarrestar. Un tercer componente a mencionar sería la vulnerabilidad del objetivo, que tampoco existe, ya que Gran Bretaña cuenta en el Atlántico Sur con el poder bélico necesario para rechazar un potencial desembarco en cualquiera de nuestras islas, incluyendo las Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Además, no sólo cuenta con la capacidad suficiente para defender sus posiciones, sino que incluso aprovecharía cualquier nuevo conflicto bélico, para proyectarse militarmente hacia objetivos como la Antártida, Tierra del Fuego, y el sur de la Patagonia argentina.

Las acciones británicas en progreso deberían contabilizarse como provocaciones orientadas a intentar la justificación de militarizar el Atlántico Sur. De otra manera es casi inconcebible semejante despliegue para defender las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur. El objetivo real y ulterior es la Antártida, con todas las riquezas que la Argentina no está en condiciones tecnológicas ni operativas de investigar, analizar y descubrir, a diferencia de otros países como ser: Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia, China.

Un dato por más interesante y a tener en cuenta es que casi todas las riquezas del Mar Ártico se han repartido entre los Estados Unidos y Rusia por un tratado que, a pesar de ciertas diferencias, podría parangonarse con el Sistema del Tratado Antártico que rige actualmente.

A diferencia de los Estados Unidos, Gran Bretaña tiene una visión de futuro de aquí a 100 o 200 años. Por ejemplo, “diseñaron” el Irak actual en 1920 y lograron dividirlo, casi a perpetuidad, para impedir su unidad y dominar, de esta forma, al país, incluyendo sus inmensas riquezas. Hoy los “patrones” de Irak han cambiado, pero el diseño geopolítico británico se mantiene en este estratégico país árabe del Medio Oriente.

El Reino Unido, sin importar épocas, desplegó una notable habilidad para dividir países a través de líneas geográficas realizadas y llevadas a cabo por ellos. En reiteradas ocasiones, pueblos o tribus que eran enemigos históricos, quedaban encerrados en estas divisiones, mientras que en otros casos producían la separación de  aquellas que estaban unidas por lazos de sangre, una historia y cultura común. En definitiva, vale el concepto: “dividir para reinar”. 

Los ingleses están orgullosos de la política exterior de su país, ya que gracias al colonialismo que aún perdura aunque tal vez con otras formas, conservan aún varias colonias, en el Caribe, Suramérica y Europa; entre ellas las Islas Malvinas y el Peñón de Gibraltar, lugar por el cual mantienen un conflicto con España.

Esta permanencia y colonialismo residual en el cono sur ha ocasionado no sólo un enfrentamiento con nuestro país sino en el ámbito regional. Varios estados suramericanos acompañan el reclamo argentino porque se está planteando políticamente una militarización de América del Sur.

Pero, también, existe otro problema. La Unión Europea, a partir del Tratado de Lisboa, considera a las Malvinas como territorio de ultramar británico, consumando un atropello a los derechos argentinos. Además, de haber un problema entre la Argentina y Gran Bretaña, independientemente de quién lo “fabricara”, el enfrentamiento implicaría a la NATO, a la Unión Europea y a la “oligarquía nuclear” que concentra su poder en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia, China).

Por ende, los acontecimientos ocurridos en Costa de Marfil y Libia deberían ser un signo de alarma y una cuestión preocupante, ya que este modelo colonialista del siglo XXI podría ser aplicado a la Argentina en un futuro.

No pocos medios de comunicación se han preguntado quién está mejor posicionado en estas circunstancias: David Cameron o Cristina Kirchner.

Desde un punto de vista militar, Cameron es primer ministro de Gran Bretaña, miembro de la OTAN y aliado íntimo de los Estados Unidos, en resumen hiperpotencia global.

Desde un punto de vista político y diplomático, al recurrir al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General, la Argentina debe considerar que Gran Bretaña vetará cualquier resolución que condene la militarización del Atlántico Sur. De cualquier manera, creo que forma parte de una estrategia de desgaste contra el gobierno britanico, con el simple fin de exponer a la oligarquía nuclear, los  Estados Unidos y resto de países que la compongan, sobre sus puntos de vista con referencia a este tema.

Resultará interesante analizar la futura posición del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien, días pasados, llevó a cabo declaraciones que parecían favorecer la posición argentina. En definitiva, dejo entrever que nuestro país y Gran Bretaña se debían sentar a una  mesa de negociaciones.

Pero, mientras tanto, trascendió que la firma “Anadarko Petroleum Corporation”, muy cercana al “Pentágono”, aportaría unos 1.500 millones de dólares para la exploración de petróleo en las Islas Malvinas.

Un capítulo aparte es el arribo al territorio insular del príncipe William Mounbatten-Windsor, segundo en la línea de sucesión al trono británico, que forma parte de una  escalada británica. Sin embargo, nuestro gobierno no ha respondido agresivamente. En definitiva no hay cruce de agresiones ni desde el punto de vista político ni militar. Las respuestas argentinas han sido exclusivamente diplomáticas.

Pero todas estas cuestiones y acciones no se agotan solamente en las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, sino que apunta a la Antártida y, quizás, a otros objetivos a más largo plazo, como puede llegar a ser el territorio de Tierra del Fuego.

Las respuestas argentinas han estado centradas en exigir el cumplimiento, por parte de Gran Bretaña, de las resoluciones de la ONU en torno al conflicto por las Islas Malvinas, en pos de una negociación pacífica. Las agresiones, encabezadas por el premier David Cameron contra la Argentina, están siendo utilizadas, además, para distraer la atención frente a la crisis económica global que viven el territorio de la Unión Europea.

Nuevamente, las provocaciones no son un acto aislado de un “colonialismo residual”, sino de un colonialismo del siglo XXI, formateado y adscripto a un plan de recolonización global. 

La posibilidad de un conflicto militar con Gran Bretaña sin duda existe, más allá del nivel del grado de probabilidad de ocurrencia de que ello suceda.

Gran Bretaña desarrolla una guerra comunicacional y psicológica que tendrían el objetivo de avanzar hacia la Antártida y, tal vez, Tierra del Fuego, hacia el año 2020. Por ende, resulta una cuestión de seguridad nacional que nuestro país forje alianzas, incluso militares, con países como Brasil y Chile que podrían resultar perjudicados, en el caso de que las ambiciones de Gran Bretaña y los Estados Unidos se extendieran a controlar la cadena de islas que constituyen las Antillas del Sur Subantárticas y Antárticas y sus mares adyacentes, previa pulverización del Sistema del Tratado Antártico.

En un comentario reciente publicado en el diario “La Nación”, Rosendo Fraga comparó lo que sucede en el Mar Ártico, donde los Estados Unidos y Rusia se han repartido casi toda la explotación de petróleo y gas que hay bajo los hielos, con el hecho de que las Malvinas se conviertan en una plataforma de proyección hacia la Antártida.

Si esto finalmente sucediera, habría una línea infranqueable a través de la cual sólo podrían pasar y explotar los recursos de la Antártida potencias de primer orden como Gran Bretaña, los Estados Unidos, Francia, China y Rusia. No se debe pensar en teorías conspirativas. “Ya lo están haciendo en el Mar Ártico“, como escribió el doctor  Fraga.

El premier británico Cameron acusa a la Argentina de colonialista.  Faltó a la verdad y a un desconocimiento en cuestiones históricas ya que desde las épocas del Virreinato del Río de la Plata se perdieron vastas regiones, porque ni siquiera existió un “colonialismo” hacia adentro para preservarlas.

El hecho de que la Unión Europea considere a las Malvinas como territorio de ultramar británico en el Tratado de Lisboa, requiere que las acciones futuras del gobierno argentino eviten por todos los medios provocar consecuencias ulteriores irreversibles.

Se trata de una hipótesis de conflicto sobre una  agresión directa contra nuestro país y la captura de territorio argentino. Viendo lo que ocurrió en Libia, Costa de Marfil o Irak con distintos actores, no resulta descabellado pensar que, en un futuro, Gran Bretaña, u otra potencia global, pretenda hacer algo similar en el sur. Debería tenerse esto muy en cuenta y desde ya considerarlo como una hipótesis de conflicto con alto grado de prioridad.

El Tratado Antártico es importante, pero lo pueden borrar del mapa con la fuerza de las armas, y resultaría altamente riesgoso confiar en la Organización de las Naciones Unidas ya que se ha convertido en un instrumento de grandes potencias con derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

Debemos, en consecuencia, tomar todos los recaudos y, principalmente, no caer en ninguna provocación porque, como la historia señala, Gran Bretaña podría organizar algún incidente, sea o no de “falsa bandera”, que justifique incrementar la presencia militar en el Atlántico Sur. y

 

 

 

 

 

 

 

 

    

 

 

 

 

 

                                 

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[1] Artículo escrito por el autor, el 10 de febrero, para analizar el discurso presidencial del 7 febrero de 2012.

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Posted on 22 Mar 2012 by nacho
   

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